Misiones
Venezuela
Desde hace más de tres décadas, en medio de las montañas de Venezuela y bajo contextos desafiantes, Las Delicias ha mantenido encendida una llama de formación, servicio y esperanza. No es solo una institución: es un refugio, una escuela de vida y un motor misionero que transforma generaciones. Su misión ha sido clara y firme: restaurar la imagen de Dios en la humanidad doliente, a través del programa integral de Consejería en Estilo de Vida.
A pesar de los desafíos del país, en los últimos cinco años más de 60 jóvenes se formaron como misioneros. Solo en 2024, se atendieron 250 pacientes, se realizaron 12 salidas misioneras, se celebraron 2 bautismos y se inició un proyecto piloto universitario con jóvenes ingresando a estudios en Fisioterapia. Mirando al 2025 para este año, nos hemos propuesto: Capacitar a 24 estudiantes en Cocina Vegetariana, Barbería, Panadería, Corte y Costura, Técnicas Agrícolas y Masoterapia, con aval del Ministerio de Educación. Ampliar el programa de salud y formación misionera. Fortalecer su impacto social y espiritual, a través de nuevas misiones y mejoras en infraestructura.
Bolivia
En medio de la escasez de gasolina, el alza de precios y un contexto nacional desafiante, Fundación Las Delicias Bolivia sigue adelante con una misión clara: formar jóvenes con vocación misionera y servir a las comunidades con amor cristiano. En 2024, seis estudiantes culminaron exitosamente su formación; se mejoró la infraestructura, optimizando así las condiciones de vida y acceso. La colaboración con las iglesias locales ha sido constante, demostrando que el compromiso y la fe son más fuertes que cualquier dificultad. Con nuevos retos para 2025, es el más importante es continuar el programa educativo y adquirir un vehículo para la obra misionera, la fundación mantiene viva su visión: preparar jóvenes para servir, confiar en Dios y transformar su entorno.
El Jardín que transforma
vidas en Arauca
En una vereda silenciosa de Saravena, entre caminos polvorientos y miradas marcadas por la resistencia, hay un lugar donde la fe brota con la misma fuerza que el maíz en temporada: Fundación El Jardín. Este oasis de vida y servicio, ubicado en plena zona de conflicto, ha convertido las dificultades en terreno fértil para la misión. En medio de carencias, inseguridad y realidades sociales dolorosas, este equipo comprometido cultiva mucho más que alimentos: siembra dignidad, salud, educación y esperanza.
El Jardín ha hecho de la agricultura orgánica una herramienta para sanar la tierra y alimentar cuerpos con principios de sostenibilidad. Ha abierto sus puertas a adultos mayores olvidados, a niños con sueños callados y a comunidades indígenas que, gracias al proyecto MISER, han recibido abrigo, alimento, salud y el mensaje de un Dios cercano. Pero no todo es campo. En sus pequeñas instalaciones también se proyectan videos educativos, se imparten terapias naturales, se construye conocimiento en alianza con el SENA y se sueña con nuevas aulas, una industria de alimentos saludables, una buseta misionera y un invernadero que extienda el milagro del alimento limpio.
Cada paso ha sido un acto de fe. Cada árbol de naranja sembrado —más de 500— es un símbolo de futuro. Y cada voluntario que llega, es una semilla nueva lista para crecer en misión. El Jardín no es solo una fundación. Es un testimonio vivo de lo que sucede cuando el amor se cultiva con las manos y se riega con la Palabra.