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¿Por qué permite Dios las crisis?
Aprender a capitalizar las crisis con el objetivo de poder obtener el mayor beneficio es en realidad una virtud. La crisis es una oportunidad para el altruismo, como también para el egoísmo.
Entendemos como crisis un cambio brusco o una modificación importante en el desarrollo de algún suceso. Las crisis, sean espontáneas o creadas, siempre van a influir de dos maneras distintas. A unos los va a beneficiar y a otros los va a afectar. Por ejemplo, la crisis sociopolítica actual de Colombia es ventajosa para ciertos sectores de la población colombiana, pero afecta a los capitalistas; la guerra del Medio Oriente beneficia a las potencias involucradas en ellas, pero deja miles de civiles en situaciones lamentables. De igual manera, las crisis mundiales actuales están afectado a miles de personas, pero es posible que también beneficie a algunos pocos.
Multitud de personas hoy han perdido todo tipo de esperanza. La inestabilidad social y política, la pandemia, las guerras y los rumores de guerras y el desempleo han llevado a miles al borde de la desesperación; y cuando creemos que las cosas van a mejorar, somos sorprendidos súbitamente por la muerte de un ser querido, o la pérdida del trabajo, por la enfermedad, un desastre natural o algún conflicto social en nuestro país. En esos momentos nos preguntamos: ¿por qué Dios permite las crisis? ¿dónde esta Dios mientras todo esto sucede? ¿es Dios responsable de las catástrofes de nuestro mundo? ¿es este el fin del mundo? ¿cómo podemos tener esperanza en tiempos de crisis?
¿Cómo podemos nosotros entonces beneficiarnos de esta crisis actual? Elena G. de White trazó unas palabras muy propicias para nosotros hoy. “La necesidad extrema del hombre constituye la oportunidad de Dios”. John F. Kennedy, ex presidente de los Estados Unidos, dijo: “Cuando se escribe en chino, la palabra ‘crisis’ se compone de dos caracteres. Uno representa peligro y el otro representa oportunidad”. Martin Luther King hace eco al mismo pensamiento al decir que “la medida máxima de un hombre no es dónde se encuentra en los momentos de comodidad, sino dónde se encuentra en los momentos de desafío y controversia”. Las crisis son entonces la oportunidad de Dios para manifestar Su poder en favor de Sus hijos.
Aprender a capitalizar las crisis con el objetivo de poder obtener el mayor beneficio es en realidad una virtud. La crisis es una oportunidad para el altruismo, como también para el egoísmo. ¿Por qué permite Dios las crisis? Diría yo que es una manera de llamar nuestra atención a aspectos en nuestras vidas que hasta el momento estaban ocultos de nuestra vista. Las crisis nos ayudan a revelar nuestras fortalezas, pero también nuestras debilidades, defectos y también virtudes. En las crisis muchos se enriquecen y algunos empobrecen; algunos fortalecen su fe, otros la debilitan. Cuando Dios permite una crisis es cuando otros medios menos severos han fracasado en perfeccionar la obra que Él desea hacer en nosotros. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4).
Hay diversas clases de crisis: de familia, políticas, sociales, económicas, educativas y también de carácter religioso. Actualmente todos nos encontramos de una u otra manera pasando por algunas de estas crisis, pero hay una peor crisis, y es la crisis del pecado, el alejamiento de Dios. ¿Qué respuesta tiene Dios para tales problemas? ¿Cómo podemos capitalizar las crisis presentes? En uno de mis libros de almohada, El Ministerio de Curación, la sierva del Señor nos da una definición clara, concisa y profunda de lo que es el evangelio. “El Evangelio simplifica maravillosamente los problemas de la vida” (pág. 281.1). Como pueblo, Dios nos ha dado en el evangelio la solución a todos los problemas que aquejan a la humanidad, y me conforta saber que el evangelio “simplifica maravillosamente” (o es un maravilloso simplificador, como dice en la versión original inglés) de “los problemas de la vida”.
Siendo que tenemos la respuesta a las crisis actuales, ¿no es esta una oportunidad de oro para brillar? “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.
Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria” (Isaías 60:1, 2). El imperativo de Dios cuando la tierra y las naciones están cubiertas de tinieblas es “levántate, resplandece”. Una de las mayores crisis actuales es la pandemia del coronavirus. Muchas personas han puesto su esperanza en la vacuna. Sin embargo, Dios nos ha dado un mensaje completo de salud que responde a las necesidades de salud actuales. Pero que triste que en vez de ser luz estamos sufriendo igual que el resto del mundo, estamos igual de ansiosos y desesperados.
Volvamos a la pregunta inicial. ¿Por qué Dios permite las crisis? Porque sabe que en nuestro estado de comodidad no veremos nuestra necesidad de Él. “Jesús dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Mateo 9:12). Al revelar nuestra necesidad a través de la crisis, Dios desea que le busquemos como la única solución. De esta manera, las crisis en vez de obrar en nuestra contra, obran en nuestro favor; son momentos de soluciones y decisiones. Pablo dijo claramente que, “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). ¿Cuántas cosas? Dice él, “todas las cosas”, todas las crisis les ayudan a bien. Y esta promesa se cumple en “los que aman a Dios”. Si no amamos a Dios, en vez de fortalecernos, las crisis nos destruirán.
¿De que manera están las crisis actuales impactando tu vida? ¿Esta tu fe siendo fortalecida o debilitada? ¿Estás creciendo en la gracia y en el conocimiento de Dios? ¿O nos estamos volviendo más insensible y nos estamos acostumbrando a las crisis como el pan diario, sin que tenga ningún efecto en nosotros? Mi oración es que de esta crisis salgamos más que fortalecidos, y que tomemos decisiones eternas para nosotros y nuestras familias. “Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).
[1] White, Elena. Mensajes Selectos, tomo 2, pág. 428.
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