El Domino Propio: La Fortaleza Humana más Poderosa


El tema de la fuerza de voluntad tiene una fuerte presencia en las antiguas historias míticas que llegan de tan lejos como la Odisea. Advertido por la diosa Circe de lo peligroso que era el canto de las sirenas, Ulises ordenó tapar con cera los oídos de sus remeros y se hizo atar al mástil del navío. Si por el hechizo musical pedía que lo liberasen, debían apretar todavía más fuerte sus ataduras. Gracias a esta estratagema Ulises fue el único ser humano que oyó el canto y sobrevivió a las sirenas, que devoraban a los infaustos que se dejaban seducir. De esta manera se representó en la antigüedad la fuerza del dominio propio.

No tenemos manera alguna de saber cuánto auto control ejercieron nuestros antepasados, pero parece probable que estaban bajo menos presión. Durante la edad media, la mayoría de los campesinos, en los días lluviosos se quedaban en sus casas y tomaban grandes cantidades de cerveza. No se preocupaban por escalar un peldaño en su estatus social, ni tampoco por una promoción en el trabajo. La iglesia católica medieval, aseguraba la salvación si eras parte del grupo religioso oficial; y si faltabas a una regla de la iglesia, podías comprar una indulgencia, de esta manera no había estímulo para actos heroicos de fuerza de voluntad. Luego en la era victoriana, después de la reforma en la iglesia, emerge como un tema unificado el dominio propio y el desarrollo del carácter. La reforma protestante hizo de la religión un asunto más individual, y se fomentó el desarrollo del dominio propio.

Pero la fascinación por la fuerza de voluntad decayó en el siglo XX, en parte como reacción a los excesos de los victorianos, y en parte a los cambios económicos y las guerras mundiales. El derramamiento de sangre durante la Primera Guerra Mundial, fue visto como consecuencia de la obstinación de muchos caballeros que seguían su “deber” y llevaron a muchas muertes sin sentido. Fue durante la Segunda Guerra Mundial que la fuerza de voluntad tomó un giro diferente. En 1934 Leni Riefenstahl, uso estas palabras para hacer propaganda a la política de Hitler, “El triunfo de la voluntad”. El concepto nazi de la obediencia de las masas a un sociópata, no era el concepto de estilo victoriano de la fuerza moral personal, pero la distinción se disipó (1).

Así, la fuerza de voluntad fue perdiendo su encanto y después de la guerra surgieron otras fuerzas que debilitaron más esta fortaleza humana. Inicia la era de la tecnología barata, se estimula la demanda de bienes y una nueva industria publicitaria instó a todos a comprar. Los sociólogos identifican a una nueva generación de personas dirigidas por los otros. Estas son personas que son guiados por las opiniones de sus vecinos en lugar de fuertes convicciones morales interiores. Todo condujo a una decadencia de la voluntad, y surgieron frases, pensamientos y filosofías como las de Oscar Wilde, “Puedo resistir cualquier cosa, menos la tentación”. De la filosofía de sentirse bien surge otra consigna: “si lo crees, puedes lograrlo”. De la generación de los sesenta nace el slogan: “si te sientes bien, hazlo” . Aparece la generación Yo, la auto indulgencia la caracteriza y hubo nuevos argumentos en contra de la fuerza de la voluntad que influenció hasta finales del siglo XX(1).

Pero hace solo unos pocos años se han realizado estudios científicos acerca del dominio propio. La razón, es que se han dado cuenta que la mayoría de los principales problemas a nivel personal y social, se centran en la falta de autocontrol: el gasto compulsivo y endeudamiento, la violencia impulsiva, bajo rendimiento en la escuela, la dilación en cumplir las metas en el trabajo, el alcohol y el abuso de drogas, dieta poco saludable, la falta de ejercicio, ansiedad crónica, la ira explosiva. Poco autocontrol se correlaciona con casi todo tipo de trauma individual: la pérdida de amigos, pérdida del control en nuestras relaciones, el divorcio, la delincuencia que conlleva a muchos a terminar en la cárcel. Podemos decir que uno de los problemas más graves de nuestra sociedad actual es la falta de autocontrol.

Hay un problema, y es que las tentaciones son más comunes y fuertes que hace unos años atrás. Es por eso que se ha convertido en un tema de estudio e investigación, porque afecta todas las áreas del ser y porque estamos saturados de tentaciones. Usted puede proponerse llegar temprano al trabajo, pero su mente se escapa en un instante con el clic del ratón de su computadora, o con el sonido de un mensaje en su teléfono. Usted puede distraerse fácilmente en su trabajo, con mirar el Facebook, su correo o solo surfeando por las páginas web. Usted puede proponerse a consumir alimentos saludables, pero las imágenes de la comida rápida en su televisor lo llevan al consumo de alimentos chatarra. Usted puede destruir su presupuesto anual con diez minutos de compras por la web.

¿Qué puede hacer el dominio propio por usted?

Las personas con dominio propio, exhiben un elevado valor de sí mismas. Pueden pasar por situaciones difíciles en su vida y no les afecta. Son emocionalmente estables, tienen mejores relaciones, se adaptan mejor a las circunstancias y toleran a las personas con mal humor. Tienen menos conflictos personales y demuestran empatía por otros. Esto quiere decir que tienen un amor altruista. Manejan mejor su dinero, gastan menos y ahorran más. Los psicólogos también mencionan que una persona con bajo dominio propio desarrollan unos niveles de vergüenza inferiores, de manera que cuando son confrontados por cualquier situación, tienden a defenderse, justificar, negar y no darle importancia a la transgresión. Por otro lado las personas con alto niveles de dominio propio, si se equivocan, reconocen, no se defienden, ni justifican sus acciones.

No se trata de solo desear hacer lo correcto o desear tomar las mejores decisiones, el solo desear de nada sirve, debemos hacer más que desear. Muchos se arruinan mientras esperan y desean vencer sus malas inclinaciones. No someten su voluntad a Dios. MC (131) Cuando leemos citas como esta de Salomón: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte. Y el que se enseñorea de su espíritu que el que toma una ciudad. Prov. 16:32”; o la siguiente de Pedro: “Os ruego, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma. 1 Pedro 2:11”; o esta de Pablo: “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. 1 Cor. 9:27”, pensamos, cómo lograr este nivel de dominio propio.

Encontramos la respuesta en dos citas de la hermana Elena White: “La voluntad del hombre es agresiva, y constantemente se esfuerza por someter todas las cosas a sus designios. Si se alista del lado de Dios y del bien, los frutos del Espíritu aparecerán en la vida; y Dios ha señalado gloria, honra y paz a cada persona que obra el bien” MCP. 713 (1896). Es un asunto de colocarnos en un terreno donde recibiremos la ayuda del Espíritu. Pero también es un asunto del ejercicio, lo vemos en la siguiente cita: “Debemos sentir el poder ennoblecedor de los pensamientos puros. La única seguridad para la persona consiste en pensar bien, pues acerca del hombre se nos dice: porque cuales son sus pensamientos íntimos, tal es él. Prov 23:7. El poder del dominio propio se acrecienta con el ejercicio. Lo que al principio parece difícil, se vuelve fácil con la práctica, hasta que los buenos pensamientos y acciones lleguen a ser habituales. Si queremos podemos apartarnos de todo lo vulgar y degradante y elevarnos a un nivel más alto, donde gozaremos del respeto de los hombres y del amor de Dios” CE 208.3.

Hay dos cualidades que estarán presentes en los salvados, dominio propio y abnegación, estas cualidades no pueden lograrse sin la influencia del Espíritu Santo. Dios quiere librarnos de la esclavitud de vivir una vida sin control. La salvación que Dios ofrece se acompaña de un balance mental, de la presencia de dominio propio y de abnegación. El Señor nos ha ofrecido la victoria, en 2 Timoteo 1:7 nos dice: “Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”